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Cómo tratar una de las lesiones más frecuentes en corredores: la tendinitis de los isquiotibiales

Los isquiotibiales son uno de los músculos que más riesgo tienen de sufrir una lesión al correr. Hablamos sobre ello con el traumatólogo del deporte y cirugía ortopédica David López Capapé


    Uno de los mayores motivos de preocupación de los corredores cuando se trata de lesiones musculares está especialmente localizado en un músculo: los isquiotibiales —semitendinoso, semimembranoso y bíceps femoral— localizados en la parte posterior del muslo. Deben su nombre a que los dos primeros se originan en el isquion (el hueso de la pelvis donde nos apoyamos al sentarnos). Se insertan en la tibia, mientras que el bíceps lo hace en el peroné. De ahí que algunos profesionales prefieran llamarlos ‘isquiosurales’.

    En algunos casos, la parte proximal (superior), concretamente los tendones y su inserción en el isquion, se ve afectada como consecuencia de la carrera, sobre todo cuando corres a máxima velocidad. No es una lesión extraña, pero menos común en cualquier caso que en el fútbol o el atletismo, donde los tirones y las roturas de fibras son más frecuentes.

    Tendinitis o tendinopatía isquiotibial: causas y diagnóstico

    El dolor de la tendinopatía o entesopatía (se refiere a la unión del tendón con el hueso) de los isquiotibiales, que es una de las lesiones más comunes entre corredores, se localiza bajo el pliegue glúteo, limita la carrera, sobre todo al alargar la zancada, y en ocasiones es muy molesto o incómodo al sentarte, especialmente al conducir. Si el médico no tiene en mente esta patología, muchas veces se piensa que la causa del dolor es una ciática de origen lumbar.

    La mejor prueba para valorar esta compleja lesión que está en esta región anatómica es la resonancia magnética. Con ella se puede comprobar si hay degeneración o rotura de los tendones, inflamación de la bursa (bursitis) o del hueso del isquion (edema óseo reactivo). La ecografía define menos y es menos completa, pero se elige como herramienta diagnóstica de primera elección (aunque depende totalmente de la experiencia del operador y del equipo), porque puede ayudarnos a realizar tratamientos ecoguiados.

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    Peter DazeleyGetty Images

    Cómo tratar una tendinitis isquiotibial

    El tratamiento inicial para la tendinitis isquiotibial siempre es conservador, con fisioterapia para disminuir la tensión de la región posterior del muslo (terapia manual y miofascial), aunque a veces es necesario un masaje específico Cyriax en el tendón. En nuestra experiencia, también solemos optar por el tratamiento con radiofrecuencia (tecarterapia) en lesiones musculares y de los tendones isquiotibiales: siempre es bueno revisar y tratar áreas relacionadas y de la cadera posterior, como la zona lumbar, el glúteo y los gemelos.

    El origen de esta lesión suele estar en la debilidad muscular, por lo que siempre es recomendable un trabajo de readaptación y fortalecimiento. En las entesopatías y roturas parciales no solemos aconsejar los estiramientos, pero sí los ejercicios isométricos y trabajo de core y glúteo. Según el caso, recurrimos a infiltraciones, que pueden ser de corticoides (si hay mucho dolor e irritación del nervio ciático), de colágeno (nos ayuda a fortalecer el tejido conjuntivo) o de plasma rico en plaquetas (PRP), muy útiles en las roturas.

    Es una lesión que es difícil de abordar con precisión, dada la localización más profunda del tejido dañado (nada que ver con áreas más superficiales, como la fascitis plantar o en el tendón de Aquiles). Muchos corredores que tienen una tendinitis en los isquiotibiales, de hecho, tienen que permanecer sin correr durante algunos meses por la falta de respuesta a los tratamientos, aunque sí pueden seguir haciendo ejercicio alternativo o modificado como bici, elíptica, piscina y trabajo en el gimnasio.

    Solo en los pocos casos en los que la evolución del isquiotibial no es positiva recurrimos a una cirugía. Esta consiste en ‘alargar’ el tendón semimembranoso o hacer un refuerzo de la inserción o perforaciones del isquion, así como liberar las adherencias que pueda tener el nervio ciático.

    Otras lesiones de los tendones isquiotibiales

    Hay otras lesiones que afectan a esta músculo es el síndrome de isquiotibiales cortos. Se trata de una serie de calambres que sufren muchos corredores y estos se producen porque el músculo se va acortando a medida que pasa el tiempo. Un acortamiento que se produce cuando se acumula tensión y las fibras musculares se concentran creando rigidez en el músculo. Esto puede incrementar el riesgo de caerte, sufrir rigidez muscular, tendinitis y tendinosis, contracturas, roturas fibrilares, esguinces y dolor en la parte posterior del muslo. Lo mejor es que antes de que aparezca el dolor, lo prevengamos estirando correctamente: por eso nunca debes saltarte los estiramientos tras terminar de correr.

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    Hello AfricaGetty Images

    Si crees que sufres de isquiotibiales cortos hay dos formas muy simples de saberlo que es intentar llegar con las manos a los pies sin doblar las rodillas. Si llegas a los pies y te quedas a unos 4 o 5 cm del suelo, se considera normal, si te faltan 5 cm se trata de una cortedad leve, pero si es de entre 6 y 15 cm, nos hallamos ante el síndrome de isquiotibiales corto y es preciso tratarlo para evitar las lesiones que te hemos mencionado. Este movimiento también lo puedes hacer pero con las piernas separadas a la altura de los hombros. En esa posición trata de tocar el suelo con la palma de las manos.

    Cómo evitar una lesión en los isquiotibiales

    Al igual que otro tipos de lesiones, no dejes de estirar una vez que termines de correr. Después de eso, el corredor debe centrarse en un plan de entrenamiento en el que trabaja el fortalecimiento de piernas unidos a una serie de estiramientos enfocados en la musculatura isquiotibial o incluso con posturas yoga para aumentar la flexibilidad de la cadera y los isquiotibiales.

    *David López Capapé es especialista en traumatología del deporte y cirugía ortopédica.



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